Ovodonación

La recepción de óvulos de donante es una técnica muy solicitada, y cada vez más frecuente, debido a que la edad media de las pacientes que buscan ser madres es cada vez mayor. Sin embargo, decidir a realizar este tipo de tratamientos es muy complicado para la paciente en muchos casos, por las dudas e incertidumbres que le ocasiona.

Una de las principales preocupaciones de estas pacientes es saber cómo se selecciona a la donante, si se realizan pruebas que determinen su estado de salud, y cómo se comprueba la compatibilidad entre ella y su receptora. Pues bien, como dice la Ley 14/2006 sobre Técnicas de Reproducción Asistida, que es la que rige estos tratamientos, las donantes tienen que encontrarse en un estado de buena salud física y mental. Para ello se realizan pruebas que se han estandarizado para que todas las donantes tengan estudiadas las enfermedades que puedan ocasionar riesgos en la descendencia. Además, se buscará siempre la donante que más parecido físico (fenotípico) tenga con la receptora: color de pelo, de ojos, altura, peso, y rasgos biométricos (en IFV usamos la técnica más avanzada en búsqueda de parecido, mediante inteligencia artificial). Así, se encuentra a la donante ideal.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.
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Otra pregunta frecuente en estos tratamientos es si la receptora va a influir en algún sentido en el desarrollo del bebé, puesto que genéticamente el óvulo lleva información de la donante y no de ella. La respuesta a esta pregunta es sí, la madre del bebé, que lleva el embarazo, va a determinar el ambiente en el que éste va a crecer, influyendo en cambios denominados “epigenéticos”, los cuales permiten que los genes expresados en el bebé varíen según dicho ambiente en el que se desarrollan.

En cuanto a la salud de los bebés nacidos por esta técnica, también existe la posibilidad de analizar la genética de la donante incluso en más profundidad, a decisión de los pacientes, para minimizar el riesgo de que el bebé herede alguna otra enfermedad de tipo recesivo. Esta prueba, denominada “test de cribado de portadores” se realiza en ambos aportadores de gametos (en este caso la donante y el que aporte el espermatozoide), para ver así la compatibilidad genética entre ambos.
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